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domingo, septiembre 26, 2004

Si acepté la idea de trabajar en Interlomas, fue porque eran menores las probabilidades de encontrarme a alguien a quien yo conociera. Soy más "mesero" que "empleado general", para trabajar debo arrodillarme (literalmente) y en momentos como ése es cuando debo tragarme el orgullo.

El sábado por la mañana me llamaron a junta para una conferencia sobre "comunicación". Eramos los empleados de los dos cines: Cinépolis (normal) y VIP, así nos dividieron... parece que a los VIP nos ven diferentes cuando todo lo que hacemos es usar camisa y corbata. Terminó temprano y volví a casa a dormir.

Lo curioso fue que cuando empecé éste viernes no lo hice solo, una chava también entró conmigo pero ya no volvió el sábado (no le gustó el trabajo, no sé si volverá). El día se me pasó lento.

Saliendo me fuí en taxi a una fiesta que iba a haber en el sur de la Ciudad, me invitó Jorge pero tuve que llamarle a Pierre para pedirle la dirección correcta. Al llegar me topé con que era aburridísima, todos usando antifaces y máscaras y a mí nadie me dijo nada, aparte estaban cantando karaoke (puras baladas). Ví a algunos de mis amigos ahí, pero huyeron rápido (el espacio era pequeño y el ambiente daba flojera), yo me quedé para esperar a Jorge. Cuando llegó me sorprendí bastante, se cambió el look y ahora trae el pelo todo hacia delante. Luce cool, pero no le sienta ése corte, lo hace lucir muy gay.

En cuanto pudimos todos nos fuimos y encontramos otra fiesta en casa de unos hermanos amigos de Pierre. Me divertí más ahí, porque la anfitriona estudia historia del arte y platicamos sobre ello y sobre que nos gustan las películas de Tarantino. Unos se pusieron borrachos y otros a fumar mota. Yo no hice ninguna de las dos cosas, estaba cansado y quería dormir. Pero igualmente estaba en la plática.



La fiesta terminó y todos nos fuimos. Jorge y yo dejamos en Polanco a Pierre (quien ahora tiene novio... les auguro a lo mucho una semana) y nos fuimos caminando. Platicamos un rato y él dijo "Ohhh, quizás vaya en la tarde del domingo a ver una película donde trabajas", me dió un leve ataque de nervios (admítolo, me da mucha vergüenza que mi novio me vea trabajando y sobre todo arrodillándome para servir a otros). Se dió cuenta de lo incómodo que me puso eso y ya no va a ir.

Me siento infinitamente triste cuando mis amigos y la gente que me rodea tiene éxito profesional, están terminando sus maestrías y doctorados, trabajando en cosas realmente glamorosas y excitantes... y yo sólo soy un vil sirviente. Tengo más talento en un dedo de lo que muchos no tendrán jamás en toda su vida. Mientras escribo éstas líneas estoy llorando del coraje, llorando ante la posibilidad de que jamás triunfaré como artista ni como persona, temo acabar trabajando en empleos pequeñitos y que el éxito no haya sido hecho para mí. No les deseo mal a las personas, por el contrario, me gusta que triunfen, pero a veces me miro al espejo pensando "¿y si yo nunca lo logro?".

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