miércoles, septiembre 15, 2004
"El mejor consejo que puedo darte en ésta vida es el siguiente: Haz que otros trabajen para tí".- Palabras textuales de mi padre.
Supongo que ésta clase de conversaciones se daban más bien en la Roma Imperial ó entre padre-hijo en las dinastías gobernantes, como sacado de un argumento Maquiavélico. Mi padre y yo somos más parecidos de lo que esperaba, y poco a poco descubro que muchas de mis fortalezas y debilidades no son un accidente sino una herencia suya. Me aconseja y me instruye, comentarios que pueden sonar fríos y hasta crueles pero que en el mundo real son verdaderamente útiles. Supongo que la ambición es hereditaria.
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Escuché en la radio el programa de Triple G (en el 96.9 f.m.) y entrevistaron a Laars Robledo, productor de películas porno y reciente adición a mi lista de amigos del MSN Messenger. Sus comentarios sobre los límites de hasta dónde debe llegar la pornografía me parecieron muy sensatos: "No zoofilia, No pedofilia, No embarazadas" (hay límites para todo, además de los estipulados en la oficina de gobernación). La barrera entre el erotismo y la pornografía es muy subjetiva, sólo están separados por la mentalidad del espectador. Me envío un mensaje temprano para avisarme del programa y una invitación para ir mañana a una "noche mexicana" con sus amigos. Creo que iré, no fuí a su fiesta del sábado, pero ahora sí voy.
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JL atraviesa un momento agridulce: un guión suyo será mandado al festival Sundance y por otro lado es posible que a sus treinta y cuatro años padezca asma.

