viernes, septiembre 03, 2004
Ciudad de México - Texcoco - Ciudad de México.
Ésta mañana me levanté con ánimos de ver a mi novio (Jorge Rubio) y darle una sorpresa visitándolo en Texcoco (donde trabaja). Me puse unos jeans viejos, una camiseta roja y la chamarra verde, así como mis siempre fieles tenis blancos (Jorge insiste que luzco muy de los 80´s con ellos), y una mochila ligera (para cargar algunos libros que leería en el camino). La primer parte del trayecto en metro para llegar a la terminal de autobuses me pareció excesivamente pesada, casi asfixiante. Hacía años que no iba a la TAPO (la terminal de autobuses de oriente) y me pareció como escenario de Blade Runner, muy futurista (con todas esas estructuras de cristal y acero) pero lleno de gente fea y que olía muy mal. Compré mi boleto, fue muy barato, apenas $15 y abordé el autobús con suma rapidez. Ésta parte del trayecto fue realmente muy cómoda, casi me adormezco en el camino... pero llegamos en menos de cuarenta minutos. Realmente Jorge tenía razón, son aproximadamente dos horas de aquí para allá.
Al llegar me sentí sumamente confundido y ahí medité que no sabía nada sobre la ciudad, sólo tenía el teléfono del consultorio de mi novio. Me dirigí a una cabina telefónica y lo contacté, me sentí muy felíz de escucharle y nos citamos en un cine cercano. Lo esperé unos minutos y finalmente llegó. Caminamos por la plaza principal y platicamos... después de eso le dije que me mostrara el lugar donde trabaja. Tuvimos que abordar otro camión y así llegamos. Realmente el lugar no era tan feo como me imaginaba, la clínica sirve para atender a la gente de la comunidad y mi novio está empezando a ser visto como una persona importante (los vecinos lo saludan). Jorge es el médico encargado de la clínica y tiene una enfermera que hace las veces de su ayudante (es él solo practicamente). Ahí vive, tiene su espacio propio.
La habitación de mi novio es bastante sencilla, pero me ha gustado mucho. Ahí tiene el autoretrato y el muñeco que le regalé, así como un Pinocho hecho de plástico que canta una irritante canción. La cama es demasiado alta pero está cómoda.
Ocurrió algo que realmente me da mucha pena contar en el diario y preferiero no hacerlo. Quiero mucho a Jorge pero temo que cuando me encariño soy una persona totalmente diferente: inseguro, infantil. Él me acepta pero siempre temo al rechazo.
Al final bromeamos, jugamos un rato y nos probamos mutuamente la ropa del otro. Somos de la misma talla. Mi novio como médico me checó y dijo que tengo los ganglios inflamados, que es posible que tenga una infección. También checó mi peso. Cuando dejamos el lugar me acompañó a tomar un taxi, ya era muy noche y no pasaba transporte público. Quedamos de vernos éste sábado (pide a gritos ir al Living!). Alcancé al último autobús que me llevaría a la Ciudad de México y de ahí abordé el metro para después tomar otro transporte que me llevaría hasta mi casa. Tal como calculé, fueron dos horas.
En Texcoco hay muchísimas iglesias, me sorprendí de su cantidad, espero volver pronto para poder verlas todas.
Ésta mañana me levanté con ánimos de ver a mi novio (Jorge Rubio) y darle una sorpresa visitándolo en Texcoco (donde trabaja). Me puse unos jeans viejos, una camiseta roja y la chamarra verde, así como mis siempre fieles tenis blancos (Jorge insiste que luzco muy de los 80´s con ellos), y una mochila ligera (para cargar algunos libros que leería en el camino). La primer parte del trayecto en metro para llegar a la terminal de autobuses me pareció excesivamente pesada, casi asfixiante. Hacía años que no iba a la TAPO (la terminal de autobuses de oriente) y me pareció como escenario de Blade Runner, muy futurista (con todas esas estructuras de cristal y acero) pero lleno de gente fea y que olía muy mal. Compré mi boleto, fue muy barato, apenas $15 y abordé el autobús con suma rapidez. Ésta parte del trayecto fue realmente muy cómoda, casi me adormezco en el camino... pero llegamos en menos de cuarenta minutos. Realmente Jorge tenía razón, son aproximadamente dos horas de aquí para allá.
Al llegar me sentí sumamente confundido y ahí medité que no sabía nada sobre la ciudad, sólo tenía el teléfono del consultorio de mi novio. Me dirigí a una cabina telefónica y lo contacté, me sentí muy felíz de escucharle y nos citamos en un cine cercano. Lo esperé unos minutos y finalmente llegó. Caminamos por la plaza principal y platicamos... después de eso le dije que me mostrara el lugar donde trabaja. Tuvimos que abordar otro camión y así llegamos. Realmente el lugar no era tan feo como me imaginaba, la clínica sirve para atender a la gente de la comunidad y mi novio está empezando a ser visto como una persona importante (los vecinos lo saludan). Jorge es el médico encargado de la clínica y tiene una enfermera que hace las veces de su ayudante (es él solo practicamente). Ahí vive, tiene su espacio propio.
La habitación de mi novio es bastante sencilla, pero me ha gustado mucho. Ahí tiene el autoretrato y el muñeco que le regalé, así como un Pinocho hecho de plástico que canta una irritante canción. La cama es demasiado alta pero está cómoda.
Ocurrió algo que realmente me da mucha pena contar en el diario y preferiero no hacerlo. Quiero mucho a Jorge pero temo que cuando me encariño soy una persona totalmente diferente: inseguro, infantil. Él me acepta pero siempre temo al rechazo.
Al final bromeamos, jugamos un rato y nos probamos mutuamente la ropa del otro. Somos de la misma talla. Mi novio como médico me checó y dijo que tengo los ganglios inflamados, que es posible que tenga una infección. También checó mi peso. Cuando dejamos el lugar me acompañó a tomar un taxi, ya era muy noche y no pasaba transporte público. Quedamos de vernos éste sábado (pide a gritos ir al Living!). Alcancé al último autobús que me llevaría a la Ciudad de México y de ahí abordé el metro para después tomar otro transporte que me llevaría hasta mi casa. Tal como calculé, fueron dos horas.
En Texcoco hay muchísimas iglesias, me sorprendí de su cantidad, espero volver pronto para poder verlas todas.
